Muchas novias para un solo grito

Nadie sabe a manos de quien fue a parar la obra El Grito de Edvard Munch vendido el pasado mes de mayo por 91 millones de euros en la sala de Sotheby’s de Nueva York, pero las especulaciones no han cesado desde entonces. La obra, pintada en 1895, es la única de las cuatro versiones existentes que todavía estaba en manos privadas y se convirtió tras alcanzar ese precio en la obra de arte más cara de la historia de una subasta. Las sospechas sobre quién pudo pagar ese precio se dirigieron en un primer momento hacia la familia real de Qatar, que a comienzos de año compró por 191 millones de euros una obra de Cezanne a un coleccionista privado. Se sabe que hasta ocho postores compitieron por hacerse por el cuadro, aunque finalmente la puja se dirimió entre dos compradores que pujaron por teléfono y cuyas identidades no han trascendido. Otros de los posibles nombres que se barajaron fueron los de Paul Allen, cofundador de Microsoft, Leonard Blavatnik, financiero ruso, Roman Abramovich, dueño del club de fútbol del Chelsea o museos como el MoMA, el Metropolitan Museum de Nueva York, el Museo de Bellas Artes de Houston o el Art Institute de Chicago, entre otros. Lo que sí parece claro, es que El Grito es una obra muy codiciada, ya que a lo largo de la historia, dos de sus otras versiones fueron objeto de robos, la última en 2004, para ser recuperada dos años más tarde por la policía noruega. Según el experto de Sotheby’s Simon Shaw, esta obra es la más robada a lo largo de la Historia del Arte.

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