¿El arte cada vez más caro o los ricos son más ricos?

Para algunos, los precios del arte hace tiempo que rompieron con la sensatez. Ya en 1984, el crítico Robert Hughes compuso un amargo lamento al respecto. Desde su perspectiva, había una combinación de explosión demográfica y menos recursos. Su pronóstico era grave. Hughes señalaba que el gobierno de Australia se había tambaleado en la década de 1970 por la compra de "Blue Poles" de Jackson Pollock en alrededor de US$ 2 millones para la National Gallery de Australia. El año pasado, un Pollock —y uno menos famoso encima— cambió de manos por US$ 140 millones. ¿Deberíamos estar preocupados? En esencia, el diagnóstico de Hughes es correcto. Estos precios son generados por una cantidad cada vez más y más grande de coleccionistas más y más ricos. Los precios de las obras de arte funcionan de acuerdo con la oferta y el deseo, como ocurre con el costo de cualquier mercadería. En este momento, hay muchísima gente sumamente rica dando vueltas. Y Warhol resulta muy accesible para un gerente de fondos de inversión que gana US$ 300 millones al año. Por otro lado, las obras maestras más celebradas están actualmente en museos. Eso ayuda a explicar por qué estas ofertas que pueblan titulares de diarios se vuelcan a obras buenas por encima de la media. En definitiva, dudo que alguien deba preocuparse demasiado. Los ricos siempre han comprado arte por cifras que dejan atónitos a los demás. Los únicos perdedores claros en el actual mercado del arte alcista son aquellos que, con fortunas menos que enormes, creyeron que podían comprar obras muy importantes de artistas mundiales famosos.

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