Marchantes condenados por venta de cuadros falsos de Sorolla y Miró

La Audiencia Provincial de Zaragoza les acusa de un delito continuado de estafa y les ha condenado a diez años de cárcel (cinco para cada uno), les ha impuesto también una multa penal de 2.160 euros, y les obliga a indemnizar a la denunciante con 300.506 euros, cantidad que ésta pagó por dos cuadros: uno atribuido a Sorolla (vendido por 240.404 euros) y otro a Miró (adquirido por 60.101 euros).

Los acusados son Gaspar Solano Mayoral, dedicado a la intermediación y compra venta de cuadros, y María Mercedes Roig, licenciada en Bellas Artes y antigua directora de la Galería Odeón de Zaragoza. Las obras venían acompañadas de sendas expertizaciones -documentos que emite un especialista y que certifican la autenticidad de los cuadros-, pero se demostró que no eran buenas.

La primera operación fraudulenta se remonta al 1 de septiembre de 2000. La compradora tuvo conocimiento de que la obra no era auténtica cuando se celebró una exposición dedicada al pintor valenciano en Zaragoza. La mujer tuvo ocasión de conversar con el director de la muestra y le comentó que tenía una obra de Sorolla. Nada más ver la fotografía, el experto anticipó que se trataba de una falsificación. "Posteriormente, el citado experto emitió un informe teniendo a la vista el cuadro vendido, certificando que se trataba de un cuadro falso", dice la sentencia.

La segunda operación tuvo lugar en los primeros meses de 2001, antes de que la mujer conociese que la primera obra adquirida era falsa. En esta ocasión, los marchantes zaragozanos vendieron a la denunciante un cuadro atribuido a Miró, por el que pagó diez millones de pesetas (60.101 euros). "Para crear la apariencia de autenticidad, aportaron unos certificados para convencer a la compradora de que dicho cuadro pertenecía a Miró", explica la sentencia. Sin embargo, una prueba pericial confirmó también que no era auténtico. El pago de estas dos obras se hizo en presencia de testigos y en metálico "por exigencia" de los acusados, quienes afirmaron durante el juicio que "en el mundo del arte ni se dan facturas ni queda constancia del dinero". Durante la última reunión que mantuvieron vendedores y clienta, los primeros le dijeron que "todos los cuadros vendidos eran falsos y que habían sido presionados por una mafia internacional para llevar a cabo dichas ventas". La sentencia considera probado que llegaron a advertirle "del peligro que corría si interponía denuncia, querella o demanda". Pese a estas amenazas, la mujer siguió adelante y denunció los hechos a través del despacho de abogados Manuel Catalán.

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