En la puja y el juego...

...se conoce al caballero. Andrew Montgomery, de Sotheby’s España, señala que “en los últimos años han surgido numerosos compradores nuevos, sobre todo de arte contemporáneo y procedentes, en su mayoría, de mercados emergentes como Rusia, China o India. Quienes ya llevan mucho tiempo en esto saben cómo funciona el mundo del arte, pero los que acaban de llegar deben asesorarse bien”. La primera regla de oro de las subastas es informarse en profundidad. “La información es poder. Si yo tuviera la oportunidad de gastar una enorme suma de dinero en arte, lo primero que haría es conseguir el máximo de información posible sobre la subasta a la que voy a asistir”, asegura Tobias Meyer, director global de Arte Contemporáneo en Sotheby’s. Lo que significa realizar un listado de los especialistas de la casa de subastas –que pueden ofrecer detalles sobre las condiciones de las obras de arte–, determinar el precio de reserva impublicable de éstas y lo que Meyer llama “el nivel de interés de la obra”: cuántos más van a pujar por ella y cuánto van a pagar.

María Eugenia Álvarez, de Christie’s España, asegura que “consultar al especialista del departamento en cuestión es importante, porque puede asesorarnos y darnos su opinión sobre la pieza, pero no hay que olvidar que nada como ver las obras físicamente”. El condition report –un estudio de los especialistas por escrito sobre el estado general de la obra– es fundamental. Tener la cabeza fría. No dejarse llevar por la emoción y pujar más allá de lo que uno se pueda permitir es un error que a menudo cometen incluso los coleccionistas más veteranos.

El lugar que ocupa cada persona en la sala no es accidental. La idea es fomentar la competencia entre los compradores, explican los expertos. Durante una subasta de arte contemporáneo el pasado mes de otoño en Nueva York, Larry Gagosian, un intermediario habitual del filántropo y coleccionista de arte norteamericano Eli Broad, consiguió aumentar el precio de una obra de Tom Friedman de los 60.000 dólares estimados a los 318.000 dólares que se pagaron finalmente. ¿La razón? Desde su asiento preferido en el centro del pasillo, Gagosian logró atraer la atención del resto de la sala al pujar por la obra de Friedman.

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